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domingo, 25 de abril de 2010

Con la A de AUTORRETRATO y la A de APASIONADA...maestra

Ya os comenté que doña Díriga va creando los registros del personaje gracias a buenas compañías que va encontrando en el camino. Pone cara a Conchita por sus presentaciones arriesgadas de blogmaníacos pero le pone calidez por la ilusión que devuelve a cada propuesta que lanza a la Red.
Conchita ¿es única?
No y esperemos que muchas veces no. Es esa maestra que todos queremos tener cuando llegamos a clase "obligatoria", cada día, pero también es esa maestra y ese maestro que todos tenemos dentro si buscamos lo sencillo, la razón de nuestro día a día. 
Sus palabras son un placer que compartimos en esta Semana del libro tan especial que nos ha regalado la NUBE VOLCÁNICA.


Conchita López

Soy una voraz lectora porque mi padre me contó muchos cuentos cuando era pequeña.

        El pobre se dormía siempre antes de acabar y yo le daba codazos para que siguiera: yo era incansable y él era un hombre cansado...
Aún así,  tenía una imaginación desbordante y la ilusión de un niño. Nunca me contó los cuentos al uso (Caperucita, Blancanieves...), los inventaba sobre la marcha, y sobre todo, los contaba "con ganas".  También me llevaba al cine todos los domingos y ahí yo recibía otro tipo de cuentos, y seguía dándole codazos para que me explicara lo que decían los actores cuando no lo entendía.

         Esa pasión por comprender historias me ha quedado para siempre, si bien ahora no me gusta oírlas; nadie puede sustituir a mi padre. Pero...los libros y el cine siguen nutriendo mi imaginación y dando alas ¡y qué alas! a mi rutinaria vida, que en modo alguno lo es en cuanto me puedo escapar cuando quiera a otros mundos, cuando no me gusta el que habito.

        He leído mucho y muy diverso, pero casi siempre Literatura. Después de muchos años de lectora, he llegado a la conclusión de que la historia que me cuenten es lo de menos, lo que me interesa es cómo me la cuentan. Por eso, Cortázar es mi escritor favorito. Es capaz de explicarte cómo subir una escalera como si fuera un tratado de arquitectura, ingeniería y tomadura de pelo a la vez. Me gusta que me sorprendan, no tener ni idea de lo que va a pasar y cuando eso sucede con un libro, experimento una sensación de lo más placentera.

        Es ese placer el que yo quiero transmitir a mis alumnos.
Siempre les digo que leer es lo mejor que pueden hacer en su vida, que no pueden dejar de leer tal o cual libro, por si cuando salen a la calle los pilla un autobús y ya no pueden hacerlo (cara de pasmados).

      Siguiendo la normativa vigente, leo a mis alumnos 30 minutos TODOS LOS DÍAS. No os extrañará oírme decir que es uno de los mejores momentos de la jornada.
Disfruto viendo sus caras atentas, sus anticipaciones, sus ¡ohhhh! cuando acaba el tiempo, su evaluación final del producto y sus argumentos al respecto. Muy a menudo, cuando acabo un libro les proyecto la pelicula que se ha hecho sobre él: Charlie y la fábrica de chocolate, Las brujas, Matilda, El niño con el pijama de rayas, El pequeño vampiro... Comparar estos dos formatos, es muy enriquecedor (en realidad, lo que hago es seguir la técnica de mi padre: cuentos, cine, ¿os acordáis?).

        Gasto casi toda la asignación del aula en libros y creo que el descubrimiento de la LIJ y los cursos que he hecho sobre ella, han cambiado mi forma de relacionarme con los alumnos. Yo diría que nos ha dado "complicidad". Ellos saben que a mí me gustan los mismos libros que a ellos, que me los compro para mi biblioteca personal (concepto muy interesante que les presento por primera vez en quinto de primaria y cuyo proyecto dura los dos años que los tengo conmigo), que he leído todos los que tengo en la biblioteca de aula. Eso les impone respeto, lo valoran y hacen un esfuerzo por merecer tal atención.

      Un consejo, si se me permite: los libros infantiles y juveniles deben tener humor, es fundamental. Si queremos atraer lectores, la risa ayuda mucho. El miedo también es un factor muy atrayente para ellos; leámosle algo misterioso bajando las luces de la clase y el éxito está asegurado.

      Pero, quizá, el factor imprescindible para obtener buenos lectores es algo tan simple como que nosotros lo seamos. Como dijo Savater en una conferencia en Orihuela a la que asistí hace algún tiempo " a los maestros se les supone el amor a la lectura, como a los soldados el valor".
Quiero suponer que esto es así en la mayoría de los casos.

Escrito a petición de Doña Díriga, con la que comparto a Federico y a alguna de nuestras otras "madres".

1 comentario:

Conchita dijo...

No puedo hacer otra cosa que seguir sus propuestas con ilusión, doña Díriga, porque son emocionantes, emotivas, aventureras, creativas, tremendamente interesantes y con un punto de locura que es un imán para mí.

Gracias por sus palabras, mañana se las leeré a mis blogmaníacos, para que sepan que su maestra es muy querida en Londres.
También les explicaré el significado de la palabra "reciprocidad".

Besos.